Un Archivo Audiovisual para Baja California Sur

Note: The following contribution is Lefteris Becerra’s text of the Desmantelando Barreras/ Breaking Down Borders webinar presentation from last March 27, 2017.

by Lefteris Becerra Correa, estudiante de maestría del posgrado en Ciencias Sociales, Desarrollo Sustentable y Globalización, Universidad Autónoma de Baja California Sur, México

La propuesta de crear un Archivo Audiovisual en Baja California Sur (BCS) surge en primera instancia de la práctica de la exhibición alternativa independiente en los cineclubes de La Paz, la capital. El reconocimiento de los límites de esa práctica (una función por semana en espacios no diseñados para esos propósitos, sin contar con recursos financieros para las actividades), y el hecho de que no existen instituciones locales dedicadas al cine y otros medios audiovisuales, son parte de las razones que me llevan a pensar en la propuesta de un Archivo Audiovisual (AA) local.

Aunque en México existen instituciones de preservación fílmica como la Filmoteca de la UNAM (fundada en 1960) y la Cineteca Nacional (1974), ambos archivos se encuentran en la capital de la República, muy alejados de nuestro estado. Además, pese a que en el capítulo VIII de la Ley General de Cinematografía, dedicado a la Cineteca Nacional, en su artículo 39 establece que es obligación de los productores o distribuidores depositar una copia de toda película exhibida en el país, esto parece no cumplirse del todo[1]; por ello es pertinente que la preservación de los materiales cinematográficos relacionados con BCS se realice de manera local.

La investigación propuesta tiene como objetivo identificar las condiciones de posibilidad de creación de un archivo que resguarde y difunda la cultura cinematográfica de BCS y del mundo. El archivo audiovisual sería de carácter cultural, así que la investigación se propuso también examinar el contexto más amplio del cine en México y BCS para tratar de entender las coordenadas sobre las que se podría instituir un AA.

El cine en cifras

En resumen: las producciones hollywoodenses ocupan el 90% de las más de 6,225 pantallas que hay en México. En BCS hay 75 pantallas (el 1.20%) y en 2016 se estrenaron 25 películas mexicanas, mientras en todo el país se estrenaron 90. La producción ha ido en aumento, en 2016 se alcanzó la marca histórica de 162 películas nacionales realizadas, de modo que no es la escasez lo que origina el reducido número de películas mexicanas estrenadas. Del cine del resto del mundo, sólo llegan cantidades marginales que no guardan ninguna relación con las cifras de producción del mundo entero. El casi monopolio del cine estadounidense ahoga al cine nacional que se queda sin ventana de exhibición, provocando lo que el realizador Paul Leduc (2016) llama la “invisibilidad del cine mexicano”; todo ello bajo el crecimiento sostenido del aumento de la asistencia a salas, 9.5% en promedio del 2009 al 2016, con la marca histórica del último año en 321 millones de entradas vendidas.

El espacio simbólico del cine en disputa

Para entender esta realidad, es útil revisar un episodio de la historia económico-política contemporánea relacionada con el cine, en los tiempos en que se empezó a instrumentar el actual modelo neoliberal: la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (conocido por sus siglas en inglés como GATT), en específico las negociaciones multilaterales sobre la liberalización de los servicios audiovisuales (1990). Ahí se enfrentaron dos modos de concebir el cine: el de países como Francia vs. Estados Unidos. Una postura sostenía que debido a la dimensión cultural de los bienes y servicios audiovisuales, se debía ejercer una excepción, y permitir que los diferentes países adoptaran medidas para la protección de sus mercados e industrias, mientras que la otra, defendida por Estados Unidos, abogaba por un tratamiento del cine idéntico al de otras mercancías para las que ya se habían tomado acuerdos de desregulación mercantil.

Las dos posiciones en pugna revelan una confrontación que sigue viva hasta nuestros días (y que hunde sus raíces hasta los años de la Primera Guerra Mundial) aunque en los quince años posteriores a las discusiones en el GATT el argumento de la excepción cultural evolucionó hacia un consenso casi mundial a favor de la diversidad cultural promovida por la UNESCO (2005), sólo votada en contra por Estados Unidos e Israel. En México, el modelo que opera respecto del cine, a pesar de la adopción de la Convención sobre la Diversidad Cultural de la UNESCO y de la legislación cinematográfica vigente que reconoce el carácter cultural del cine, es el meramente mercantil con una clara inclinación a favor de los intereses empresariales estadounidenses.

Pese a ello, existen diversas instituciones y múltiples esfuerzos que ponen el acento en la dimensión cultural del cine. De hecho es en estas opciones en las que ocurren los atisbos de diversidad acordes con la Convención citada. La Cineteca Nacional, por ejemplo, con un millón de asistentes durante 2016, proyectó 50 de las 90 películas mexicanas estrenadas en todo el país, con un 24% de asistencia al cine nacional (el porcentaje de taquilla en todo el país fue de 9.5). Contar con una institución de ese tipo en BCS resulta relevante para una sociedad que no tiene opciones de exhibición cinematográfica fuera del acceso a las plataformas digitales que hay en Internet y que excluyen a grandes sectores de la población que no cuentan con acceso a la red.

Preservación fílmica latinoamericana

Por otra parte, si nos remitimos a la historia de la preservación fílmica en Latinoamérica, que aunque comienza en México en la década de 1930, cuenta con un capítulo de su historia que es central en la lucha por consolidar una cultura cinematográfica regional, cuya razón de ser era exhibir la producción propia y su objetivo contribuir a la lucha de las décadas de 1960 y 1970 por la liberación en los países en los que se padecía la opresión de las dictaduras o el neocolonialismo denunciado, por ejemplo, por el Grupo Liberación argentino en su emblemático film La hora de los hornos (1968).

Janet Ceja (2013) ha reconstruido parte de la historia de la preservación fílmica en Latinoamérica, centrándose en un episodio central que unió e involucró muchos de estos esfuerzos en diferentes países desde México hasta Argentina y Chile, pasando por Centroamérica y el Caribe, en la Unión de Cinematecas de América Latina (UCAL; fundada en 1965), que seguía un principio de preservación volcado por completo a la praxis social, afín con el modelo seguido en la Cinemateca francesa bajo la guía de su secretario general y cofundador, Henri Langlois, quien desde la década de 1950 había brindado ayuda a los archivos latinoamericanos de diferentes modos, sobre todo prestando filmes de la colección de la Cinemateca para su exhibición en tierras americanas. El cine que se produjo por parte del Nuevo Cine Latinoamericano (1967), con la contribución decisiva de las organizaciones miembro de la UCAL, estaba comprometido socialmente con las luchas populares, llevando a cabo una tarea de combate ideológico bajo diferentes posturas y propuestas, contra la hegemonía cinematográfica estadounidense, pues los intereses de las empresas de ese origen dictaban las condiciones de las diferentes cinematografías nacionales, además de que los filmes de aquel origen eran percibidos como una de las tantas estrategias de neocolonización.

Este hito en la historia de la preservación es digno de recordarse y recuperarse pues aunque el contexto político, social y cultural de nuestra actualidad en la segunda década del siglo XXI, ha cambiado respecto de las realidades vividas en Latinoamérica entonces, también se verifica la continuidad en muchas dimensiones y condiciones que han sufrido no una recomposición o desaparición sino incluso una intensificación gracias a la instauración global del neoliberalismo. Un ejemplo elocuente es la hegemonía cinematográfica estadounidense que en las décadas recientes sólo se ha reforzado en un proceso en el que anula o neutraliza la mayoría de los reclamos que los grupos de profesionales dirigen a sus respectivos gobiernos para que se adopten medidas de protección frente a las desregulaciones neoliberales.

Filmografía de BCS

Volviendo a la realidad contemporánea en BCS, la presente investigación se propuso elaborar un catálogo de identificación de las películas relacionadas con BCS, un requisito previo (y presupuesto en el señalamiento de la carencia de instituciones relacionadas con el patrimonio audiovisual del estado). El catálogo lleva hasta el momento 80 registros con filmes pertenecientes a cinco categorías posibles:

  1. Películas sobre BCS (sobre alguna historia que ocurre ahí, .
  2. Películas realizadas en BCS.
  3. Películas de creadores y artistas locales.
  4. La combinación de 1 y 2.
  5. La combinación de 1, 2 y 3.

La mayoría de los registros pertenecen a producciones del siglo XXI, aunque también hay otros de diferentes décadas del s. XX. La metodología aplicada para la elaboración del catálogo consistió en entrevistas a personas relacionadas con la cultura en BCS, consultas en los archivos fílmicos nacionales, en bases de datos de archivos de México y de otras partes del mundo, así como en fuentes hemerográficas y bibliográficas. De la visualización de poco más de la mitad de los registros se ha obtenido la noción clara de la valía cultural del material que configura una diversidad interesante y que puede ser del interés de los habitantes del estado, así como una fuente fértil para la investigación.

Por una globalización incluyente

La propuesta del archivo audiovisual estatal recupera de la historia de la preservación fílmica latinoamericana el énfasis puesto en la orientación social de los archivos o cinematecas agrupados en la UCAL, aunque considerando las transformaciones económicas, políticas y sociales que han sucedido en las últimas cuatro décadas. Un ejemplo de ello es el componente jurídico y las políticas públicas mediante las cuales el Estado mexicano le da forma y sentido a la actividad cinematográfica nacional, un campo de lucha también entre la postura del Estado neoliberal y la que defienden las agrupaciones de profesionales del cine; en resumen, estamos ante una economía-política del cine de carácter neoliberal, con trazas de la visión del campo cultural que se reflejan en asuntos como el apoyo del Estado a la producción y la política de preservación, siempre en riesgo de ser eliminados, de acuerdo con los intereses de los representantes en México de la Motion Picture Association of America (MPAA), con el respaldo gubernamental mexicano.

La invisibilidad de las representaciones cinematográficas sobre BCS configura su inexistencia, que con un archivo como el formulado tendrían un espacio en el que los interesados podrían acceder a ese material cultural hasta ahora condenado al olvido. En el contexto contemporáneo de la globalización neoliberal es de primera importancia para las poblaciones de los países “subdesarrollados” como México, el que los grupos que las componen, cuenten con representaciones audiovisuales, de preferencia elaboradas por ellos mismos, que promuevan la memoria de su territorio y las formas de vivirlo; en el caso de Sudcalifornia, inextricablemente unido a las culturas que ahí se han desarrollado, amenazadas de despojo y con ello, de desaparición. La intensidad de los debates y las disputas desde la época de la Primera Guerra Mundial hasta el capítulo contemporáneo de la excepción cultural, denotan el ámbito de influencia estratégica que el cine representa para las partes en discordia.

El espacio del Archivo debería servir para practicar otro tipo de globalización, una no centrada en el dinero, sino en el intercambio cultural, una ventana a la auténtica diversidad cultural expresada en las creaciones de todo el mundo, panorama en el que BCS debe encontrar su lugar con sus producciones simbólicas, las representaciones cinematográficas portadoras de las identidades, valores y tradiciones que componen su sociedad en su diversidad y complejidad. Un espacio para que, como dice Godard, las películas dialoguen entre sí.

Mirando al pasado y al futuro

La relación del archivo con los filmes sobre BCS es la introducción de la perspectiva de la memoria,  un ejercicio de recuperación de la memoria cinematográfica. Además, el archivo también debería estar orientado hacia el desarrollo de las capacidades audiovisuales, aplicando la teoría del desarrollo humano de Martha Nussbaum (2012) a esa característica que forma parte de nuestra realidad y que algunos autores llaman “era visual” (Mirzoeff, 2003). Con ambas proyecciones temporales, una mirando hacia el pasado con la continua revisión del patrimonio cinematográfico local y mundial, y la otra volcada hacia el futuro mediante la creación de capacidades audiovisuales entre la población local, en especial la juventud. En la actualidad tampoco existen instituciones encargadas de ello, los jóvenes interesados en la producción deben salir del estado para desarrollar sus capacidades, como es el caso de César Talamantes, autor del reconocido documental Los otros californios (2008), quien tuvo que ir a la Ciudad de México a estudiar en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM.

A continuación un demo (6’37’’) de Los otros californios (2008) preparado por César Gutiérrez, director de fotografía del documental de César Talamantes, un retrato de diferentes rancheros de Baja California Sur, que es un ejemplo de los materiales que forman parte de la filmografía de BCS.

https://www.youtube.com/watch?v=YnsFjd-hGtM

Referencias

Ceja Alcalá, J. (2013, Spring). Imperfect Archives and the Principle of Social Praxis in the History of Film Preservation in Latin America. The Moving Image, vol. 13, no. 1, pp. 66-97. Recuperado de http://www.jstor.org/stable/10.5749/movingimage.13.1.0066

Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales [versión electrónica]. (2005). Recuperada de http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001429/142919s.pdf

Huerta, C. (2017, abril 17). México hace, estrena y desecha películas. El Universal. Recuperado de http://www.eluniversal.com.mx/articulo/espectaculos/cine/2017/04/16/mexico-hace-estrena-y-deshecha-peliculas#.WPONKfhbpew.facebook

Leduc, P. (2016, mayo 29). El invisible cine mexicano y la Secretaría de Cultura. La Jornada. Recuperado de http://www.jornada.unam.mx/2016/05/29/opinion/030a1soc

Mirzoeff, N. (2003). Una introducción a la cultura visual. Barcelona: Paidós.

Nussbaum, M. (2012). Crear capacidades: Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona: Paidós.

Nota

En relación con una pregunta del público sobre si existe algún material relacionado con grupos indígenas de BCS, sí lo hay, se trata de un documental experimental sobre la celebración de la Semana Santa por parte de la comunidad yaqui de Santa Rosalía, Desierto indígena (2017) de Elti Alejandro, que será estrenada a finales de mayo de 2017 en la Ciudad de México y en el verano en La Paz. El autor, artista visual de La Paz, se acercó a la comunidad de yaquis de Santa Rosalía y solicitó su permiso para hacer su trabajo.

A la pregunta de si piensa mostrarles el trabajo, expresó que sí es de su interés hacerlo y que incluso intentó mostrarles el corte previo pero, aparentemente, la cuenta de Facebook por la que los solía contactar, ha desaparecido. Se le comunicó la inquietud de la pregunta formulada desde ¿Colorado, Arizona?, sobre la importancia de contar con el permiso de la comunidad y lo delicado de exponer una ceremonia sagrada en el trabajo documental, a lo cual respondió que la solicitud de hacer su corto había sido aceptada e incluso, comentó, ellos mismos solían compartir sus registros de la ceremonia en su cuenta de Facebook. Al ver el corte preliminar, quien escribe esto, identifica una aproximación respetuosa y dignificante de una comunidad tradicionalmente ignorada y despreciada. De cualquier modo será muy interesante poder conocer la opinión de la comunidad yaqui misma; el plan del artista es compartir el valioso documento —uno de los pocos que existen sobre indígenas en BCS— de forma libre en la red, de modo que todo interesado podrá tener acceso libre a él.

[1] Según nota periodística (Huerta, 2017), en el periodo 2010-2015 se realizaron 700 películas mexicanas, de las cuáles sólo 250 depositaron una copia en la Cineteca Nacional y 13 en la Filmoteca de la UNAM.

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